El 2020 se va y muchos estarán agradecidos de que así sea. Cada treinta y uno de diciembre salen a la luz nuevos rituales para despojarse de la mala energía acumulada durante el año que termina. Hay quien lanza un cubo de agua a la calle, hay quien enciende un incienso y recorre todos los rincones de la casa, y hay quien escribe una carta con todo aquello que lo hizo infeliz... ¿de qué sirve? A saber. Si alivia al menos la tensión por los malos ratos ya habrá valido de algo.
Lo cierto es que cada quien lidia con su vida como mejor sabe, o puede. Pero este año ha sido pródigo en desastres. Y no sólo por el coronavirus. Entre la amenaza real y la campaña de terror que ha rodeado la llegada del virus hay todo un universo de sufrimiento. Y es que este ha sido un tiempo en que el miedo ganó la batalla. Hemos pasado más de nueve meses con miedo al abrazo, al contacto humano, al consuelo. Y todo para que nos digan lo que ya sabíamos: el riesgo no va a desaparecer.
En medio de todo este caos la economía también se ha llevado su cuota de dolor. Los pequeños comercios han ido cerrando, y mucha gente ha perdido su trabajo. Pero hay que pagar la renta, y la luz, y la comida. Para quienes vivimos en la isla, el tarifazo viene ser el resumen de un año catastrófico. La subida exagerada de todos los productos y servicios será un reto, en especial para esa población envejecida que ha pasado toda su vida sustentada en la promesa de un tiempo mejor.
Pero los años pasan, el futuro prometido nunca llega, y la esperanza va tomando color de ilusión más que rota. Aunque siempre alguien dará un discurso motivador, uno que te hipoteque más la vida y asegure que estamos bien, que estaremos mejor.. .Debe ser que mirando un Rólex el paso de las horas se hace menos angustioso.
El 2020 se va mientras tratamos de salir otra vez a flote. Mis vecinos, desconsiderados y felices, encienden el carbón y ponen música a todo volumen. Y hay cierta magia en saber que al menos algunos pueden mantener la tradición de estas fechas porque lo terrible, definitivamente, no es este año que termina en menos de un día; o que a casi veinticuatro horas para el 2021 la gente siga haciendo cola esperando el pollo o la carne que no acaba de llegar ….. lo terrible de este año que termina es la certeza de que el próximo empezará peor.

😕
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