miércoles, 23 de diciembre de 2020

On sale


La isla está a la venta. O quizás deberíamos decir On sale, porque la moneda que paga no tiene inscripciones en ese castellano tropical que hablamos por acá. Desde la factura de la luz hasta la cena de fin de año, todo puede ser cubierto en dólares americanos. Y ni siquiera nos sorprende la oferta. No han llegado aún DisneyWorld y Mcdonald´s, pero paciencia..

La empresa de telefonía abrió el camino con las recargas bonificadas hechas “desde fuera”. La moneda nacional se deprimía, y el valor del peso cubano se acercaba al rango de  los números negativos. Para detener la inflación y apuntalar la economía necesitábamos producir. Pero producir el qué.. sin industrias, sin ideas, sin turismo por la llegada del virus, y sin materia prima. Surgió la noción del reciclaje interno: recuperar la moneda que circulaba por las calles y que no llegaba a las arcas del gobierno.

Empezaron por abrir tiendas para artículos de lujo. Ya me gustaría también que alguien me explicara cómo una lavadora o un refrigerador son un artículo de lujo en pleno siglo XXI. Sobre todo en una isla que fue de las primeras en sumarse a avances tecnológicos como el teléfono, la televisión, el tren, y los automóviles....   Para evitar confusiones las ventas no se harían en efectivo. El dinero al banco, y aquí paz y en el cielo gloria.

De todas partes y con cierta reticencia aparecieron los primeros cubanos dispuestos a pagar en dólares las piezas para el carro, las neveras, los splits. Ante la increíble ausencia de esos mismos productos en la moneda nativa, la gente se fue sumando y las compras por tarjeta florecieron. Hubo colas, coleros, acuerdos por debajo del telón para reservar productos con gran demanda. Y las clases sociales fueron tan evidentes que la línea se hubiera podido dibujar con una tiza.

Los cubanos de a pie, sin familia en el exterior, también quisieron ahorrar porque ya no eran sólo artículos de lujo. A los grandes electrodomésticos añadieron las ollas arroceras, los microwaves, las batidoras. Las tiendas en CUC vendían productos con defecto, mercancía rota. Y la gente de  pueblo necesitaba cambiar el ventilador, y hacerle el puré a los niños.

Pero en las casas de cambio no se vende moneda extranjera. El mercado negro, sonrosado y rozagante, se expandió desde las sombras. El valor del USD inició la escalada. Como la cima no está a la vista, sólo podemos esperar que la subida dure tanto como lo permita la política. Porque la gente protesta, pero en casa. Que la vida está muy dura como para jugársela.

Poco a poco las tiendas por Moneda Libremente Convertible acapararon los productos vitales. La oferta se amplió al jabón, los espaguetis, el café y el detergente: la moneda nacional ya no compra nada. Demasiado cara para quienes vivimos en ella, pero a precio de ganga para quienes llevaron sus raíces a suelos menos adversos, la isla está a la venta. O quizás deberíamos quitar alguna que otra pancarta o bandera, borrarnos la sonrisa, y colgar simplemente el cartel de For sale, antes que empiece rebaja.

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