viernes, 21 de enero de 2011

El día de irse pa´l otro mundo


La muerte, que no cree en genios, edades ni petitorios, termina por acompañarnos siempre en ese viaje fatal en que decimos adiós a cuanto hemos gozado y sufrido de este mundo. Ella, que no conoce vacaciones ni días de fiesta, trabaja con una constancia que muchos quisieran encontrar en otros menesteres y para los cuales al hombre común le falta voluntad y empeño.

Quizá por eso cuando el 26 de diciembre de 1921 La Parca decidió llevarse al increíble Miguel Faílde , el pueblo de su Matanzas natal- enamorado del creador del baile nacional- lo cortejó al compás de una de sus más populares creaciones: “Las alturas de Simpson”, para así evitar que tan grande músico saliera de esta tierra sin algo de la alegría que hizo crecer con sus composiciones.

El viaje al cementerio de San Carlos, lento y pesaroso, transcurrió entre los acordes de un danzón y las voces melancólicas de los dolientes, que para la ocasión sería la ciudad toda. El gentío, bullanguero y jovial, guardó sus risas y se enlutó para despedir a su ídolo en una de las más grandes demostraciones de respeto que un artista haya tenido jamás.

Luego de tanta pasión y tanta pena por su muerte, quién habría de imaginar que hoy su tumba languidece en un olvido que sería total de no ser por las obras que allí ejecutan los trabajadores del cementerio- que han decidido hacerle justicia a la memoria del creador del danzón- y de alguna que otra visita fugaz de los seguidores del rico baile en esta ciudad.

Faílde, el hombre que puso a bailar a una isla y sacudió con su osadía el pudor de la sociedad yumurina de su tiempo imprimiendo un ritmo y una cadencia atrevidos, sufre el silencio de esta ciudad de los muertos en la que ni una nota, la más elemental, lo consuela de no trastornar las madrugadas de la Atenas de Cuba.

Fuera de la necrópolis una sencilla tarja, colocada en 1921 en la fachada de su modesta casa, lo recuerda entre las calles que antes se rendían a su canto. Y es que la muerte no sólo se lleva el cuerpo, a veces también borra la memoria.

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